martes, 20 de enero de 2009

inspiración cual flato de anciano.


El otro día sentado en la infernal computadora, que succiona mis ganas de vivir y mi picardía de juventusd, veía a mi lado al peyo (perro). Pobre angel, es un siberiano que encontramos gratuitamente en la calle, y que en épocas de calor sufre como hindú en carnicería. Mientras me me miraba con melancolía, con ganas de volver a su tierra natal, supongo que Siberia o Ingeniero Bunge. Me apiadé del mismo y le traje un tacho con agua. Cuando estacioné el taquio (tacho) frente a su rostro, siguió mirandome con tristeza. Yo volví a jugar al solitario en la computadora, pero en eso, escucho: "che pibe, no tenés un pucho?"

me doy vuelta y estabamos sólo el perro y yo en esa habitaciónc. Pensando que era una treta de mi propia-mente, seguí muy interesado en mi investigación sobre cómo hacer petardos con boletos de colectivo.

Bueno realmente ya no puedo escribir más, espero que hayan pensado que esto emepezaba bien y que terminaba mejor, pero empieza y no termina. Tal vez el que me pedía un cigarrillo era el perro, tal vez después me pedía también un bermú, o una caña quemada.

Quiero aclarar que he vuelto de cortas vacaciones en Mar del plata, y juro que nunca más cometeré ese error.


Quiero poner en, también, en público, que relamente me sería muy interesante ver un perro fumando un cigarrillo en un bar de buenos aires y escuchando tango.